viernes, 18 de enero de 2008





Noticias24.- El mismo día en que la Asamblea Nacional afirmó que las FARC y el ELN “no son grupos terroristas”, en el programa “La Hojilla” de VTV, dos de los personajes más cercanos a Hugo Chávez, Mario Silva y Eva Golinger, acusaron al prestigioso caricaturista Roberto Weil de “instigación al magnicidio” y de “terrorista” y pidieron a la Fiscalía que actúe contra él.



El motivo de la acusación en contra de Weil es la caricatura que aparece en la imagen y que Mario Silva mostró, con mucha vehemencia e indignación, en el curso del programa, ante los escandalizados comentarios de una Eva Golinger que no dejaba de decir: “Oooooh, Ooooohhhh”.
La viñeta, de la cual Mario Silva se enteró ayer (por lo que se vió), no ha sido publicada esta semana, sino que data del 9 de marzo del año 2004 y fue efectuada, según el propio caricaturista, a raíz de unas declaraciones donde Hugo Chávez afirmaba que EE.UU. podría invadir Venezuela. Fue publicada en el diario “Tal Cual“, periódico para el que trabaja Roberto Weil.


Mario Silva y Eva Golinger coincidieron en que la viñeta suponía una clara “incitación al magnicidio” y que las cosas no podían quedar así. Por ello pidieron que la Fiscal General procediera contra el caricaturista.



Igualmente coincidieron en que se trataba de un “intento de sembrar el miedo en la población” ya que invitaba a que EE.UU. invadiera el país y atrapara a Hugo Chávez igual que lo hizo con Saddam Hussein.


Mario Silva le gritó, en su estilo habitual, varias veces “terrorista” al caricaturista. Este episodio deja una vez más al descubierto la supina ridiculez que preside muchas de las acciones de personeros próximos al poder ya que tales acusaciones no provocan sino una carcajada en el colectivo de los ciudadanos. Las mismas que causaron hoy las acusaciones del Ministro Rodríguez Chacín contra un grupo de venezolanos.

Pero más allá de esto, esconde algo realmente grave: la mentalidad de muchos de quienes tienen en sus manos el destino de Venezuela. A quienes asesinan, torturan, secuestran y siembran el terror en la ciudadanía colombiana les califican de “verdadero ejército”, les reconocen “status político” y los reciben en Miraflores como si se tratara de personas de bien.



Por contra, a quienes muestran una trayectoria personal y profesional inmaculada, como es el caso de Roberto Weil, le califican de “terrorista”, justo el calificativo que le niegan a los anteriores, por el simple hecho de no compartir su misma manera de pensar.

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