miércoles, 3 de septiembre de 2008

Internacionales: Regreso feliz a Nueva Orleans!

Un miembro de la Guardia Nacional de Estados Unidos comprueba los pases de quienes han iniciado su camino de regreso a las ciudades desalojadas- AP


Vuelve la gente a la gran Nueva Orleans
¡Regreso a Casa!





(Ciudadano Digital TV) Ante la presión de los ciudadanos evacuados que querian volver a sus casas tras el paso de Gustav y que colpasaban las autopistas, las autoridades han abierto las puertas de Nueva Orleans (Luisiana) a los residentes. El alcalde, Ray Nagin, ha dicho que no se les impedirá la entrada pero que pasan "bajo su responsabilidad", porque la ciudad está todavía "muy vulnerable" por la falta de servicios médicos y de luz.






Casi 80.000 hogares quedaron sin electricidad en la ciudad. Después de que el lunes se viera que el huracán no tuvo el efecto devastador que se temía, muchos estaban ya en sus moteles y refugios nerviosos y cansados de malvivir e intentaban pasar de cualquier forma a la ciudad, pero se encontraban con controles policiales que se lo impedían. Tienen que regresar a Nueva Orleans unas 240.000 personas, prácticamente toda la población. El alcalde había dicho a primera hora de la mañana que no se permitiría la vuelta a la ciudad hasta el jueves. Horas más tarde cambió su decisión. Los que quieran entrar hoy, eso sí, tendrán que demostrar con una identificación que residen en la ciudad".




Desde el anochecer hay toque de queda en Covington y no se permite a nadie caminar por las calles. "Por seguridad", dicen. En el William Pitcher la presencia policial es constante. Los supuestos peligros consisten tanto en la climatología -durante el martes y el miércoles todavía caían fortísimas tormentas sobre la zona- como en los posibles saqueos de casas vacías. Muchos residentes de pueblos vecinos han preferido quedarse en el refugio, gestionado por la Cruz Roja, porque las endebles caravanas en las que viven no les ofrecían demasiadas garantías. Han pasado los días jugando a las cartas sobre las mesas escolares o, simplemente, hablando. Una niña agarra con fuerza su oso de peluche mientras mira una especie de show que han montado los voluntarios. El tiempo pasa despacio. Algunos, desobedeciendo a las autoridades, se han marchado.




"Hay mucha gente que se fue en cuanto vio que no había pasado nada tras el huracán", dice Juan Rodríguez, trabajador mexicano de 30 años que vive en Nueva Orleans. Acaba de llegar a este refugio desde otro cercano, más pequeño, que quedó vacío. "Querían volver a sus ciudades. Los de Nueva Orleans sabían que no podrían entrar, pero muchos se fueron igualmente. Estaban hartos y preferían llegar sus casas aunque no hubiera luz. Yo voy a esperar a que las autoridades digan que todo está bien. Además, para que me paren en el control...". Karen Williams, que vive en un piso tutelado para personas con trastornos psíquicos en un pueblo cercano dice que ella también va a esperar; que al menos en el refugio está atendida.




Ansia por volver




"Algunos dicen que vaciar Nueva Orleans y otras ciudades fue exagerado, pero el huracán era un riesgo grande y pasar tres o cuatro días de incomodidades no es tan grave", dice Margaret O'Brien-Molina, una de las portavoces de Cruz Roja. "La evacuación ha ido mucho mejor que durante el Katrina. Los ciudadanos salieron antes, de forma ordenada y con su medicación". "El problema ahora es el futuro", añade un voluntario. "Con Gustav la gente creyó al alcalde y salió de la ciudad. Pero la próxima vez que les digan que deben ser evacuado por riesgo de huracán van a decir: 'sí, claro, como la otra vez'... y van a quedarse en sus casas".




A lo largo de estos días se han utilizado como refugios las escuelas e iglesias. Los moteles, pensiones y hoteles de la zona están repletos. De personas y, algunos, de animales porque los evacuados no quisieron marcharse sin sus mascotas. En el Quality Inn de Hammond, a unos 100 kilómetros al norte de Nueva Orleans, durante el fin de semana había alojados 278 personas, 34 perros, 5 gatos y dos papagayos, según relata un huésped. Otras personas durmieron directamente en sus coches, en aparcamientos y lugares que consideraron seguros.




La región vuelve a la vida despacio. Empiezan a abrirse algunas gasolineras. El aeropuerto Louis Armstrong de Nueva Orleans tiene previsto reanudar mañana su actividad. Los que se quedaron en la ciudad llenan los bares que se van abriendo poco a poco. Policías aburridos fuman puros y juegan al futbol americano en la calle. Los coloridos collares de plástico que habitualmente cuelgan de los balcones del Barrio Francés y que se lanzan sobre cualquiera que muestre sus encantos desde abajo están ahora desperdigados por las aceras y el asfalto. Es obra de Gustav. La ciudad intentará mañana controlar el retorno e ir recuperando la normalidad. Y, por el momento, el hurricane (huracán) volverá a ser sólo un cóctel local.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Para nosotros es muy importante tu Opinión